Nuevos modelos de ataúdes. ¡Elegí ya el tuyo!Comunicación ,intercambio de ideas,especulaciones varias,todo tratatando de mejorarnos. En este blog,las fechas carecen casi totalmente de importancia.
miércoles, 1 de julio de 2009
Las extrañas maneras del Señor
Nuevos modelos de ataúdes. ¡Elegí ya el tuyo!martes, 9 de septiembre de 2008
Saludo de despedida para todos mis admiradores y amigos internautas

Se que lo lamentarán, pero creanme, que no tendrán tiempo de hacerlo.
Los motivos de este final, son totalmente ajenos a mi voluntad. No son tampoco ustedes los culpables. Creo que será definitivo, pero nunca se sabe.
Solo les digo ¡Adios!. Los voy a extrañar.
Les dejo, como última subida un video acorde al momento: Epitafio, de King Crimson.( el video es obra de Gotikboy, a quien no tengo el gusto de conocer, y ya no conoceré, pero no quiero irme realizando un último acto indigno y no poner los créditos a quien se lo merece)
Bueno, si lo que supongo va a suceder, no sucediera, y el LHC, se comporta bien, olvídense de este post y nos vemos en el próximo.
domingo, 20 de enero de 2008
A la hora de morir,todos somos iguales,pero...
En Argentina,según las estadísticas, mueren 11 personas asesinadas por día.Para los medios de difusión en general y por estos días,diez de ellas han pasado casi desapercibidas.Periódicos,radio y televisión están haciendo diversas coberturas y notas especiales sólo de la muerte violenta de una de ellas.
La razón por lo que esto sucede,es ya clásica en el devaluado periodismo de los últimos tiempos:el cóctel de sexo,dinero y sangre es irresistible para el "periodismo de investigación".Todo el tiempo deberemos escuchar distinto tipo de conjeturas sobre la víctima,los sospechosos del crimen (ex marido,supuestos amantes y hasta familiares de esta pobre señora),conjeturas muchas veces al borde de la injuria,que aparentemente a nadie les interesa, ya que a ninguno de estos señores periodistas que con liviandad ensucian a víctima y supuestos victimarios,ni siquiera son citados a presentar las pruebas que respalden de alguna manera lo que sin ningún tipo de pudor escriben o lanzan al aire.Aunque esto iría en contra de la libertad de prensa,por supuesto.
Hallar pronto a un culpable,iría en contra de sus intereses,hay varios ejemplos de aprovechamiento de esto;cada tanto,cuando las noticias "interesantes"escaseen,se podrá poner al aire un informe especial sobre alguno de estos casos al cumplirse seis meses del asesinato o se sacará de la galera una hipótesis nueva sobre el asunto.Si se encuentra un culpable,la noticia se muere.
Lo triste es que los medios para los que trabajan,impulsan este comportamiento de sus empleados suponiendo que el morbo de nuestra sociedad,no podrá resistir la tentación de conocer hasta el último detalle del caso y consecuentemente se disparan las ventas de diarios y revistas y trepa el rating.
Más triste aún,es que quizás tengan razón.
lunes, 17 de diciembre de 2007
Conducta en los velorios-Julio Cortázar
Con este humilde acto,doy por comenzado una sección en donde aquel que se aventure a dar una vuelta por este blog avenido a pequeña caja de Pandora,tenga un lugar a donde huir de tanta mescolanza de temas,opiniones sin demasiado fundamentos ,y otras yerbas.Bajo la no muy original,pero sí descriptiva etiqueta de "sala de lectura",iré subiendo algunos escritos que me parece valen la pena leer.Para arrancar y cómo ya habrán visto más arriba,un peso pesado de la literatura universal.Los dejo con:
Conducta en los velorios de Julio Cortázar
No vamos por el anís, ni porque hay que ir. Ya se habrá sospechado: vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía. Mi prima segunda, la mayor, se encarga de cerciorarse de la índole del duelo, y si es de verdad, si se llora porque llorar es lo único que les queda a esos hombres y a esas mujeres entre el olor a nardos y a café, entonces nos quedamos en casa y los acompañamos desde lejos. A lo sumo mi madre va un rato y saluda en nombre de la familia; no nos gusta interponer insolentemente nuestra vida ajena a ese dialogo con la sombra. Pero si de la pausada investigación de mi prima surge la sospecha de que en un patio cubierto o en la sala se han armado los trípodes del camelo, entonces la familia se pone sus mejores trajes, espera a que el velorio este a punto, y se va presentando de a poco pero implacablemente.
En Pacífico las cosas ocurren casi siempre en un patio con macetas y música de radio. Para estas ocasiones los vecinos condescienden a apagar las radios, y quedan solamente los jazmines y los parientes, alternándose contra las paredes. Llegamos de a uno o de a dos, saludamos a los deudos, a quienes se reconoce fácilmente porque lloran apenas ven entrar a alguien, y vamos a inclinarnos ante el difunto, escoltados por algún pariente cercano. Una o dos horas después toda la familia esta en la casa mortuoria, pero aunque los vecinos nos conocen bien, procedemos como si cada uno hubiera venido por su cuenta y apenas hablamos entre nosotros. Un método preciso ordena nuestros actos, escoge los interlocutores con quienes se departe en la cocina, bajo el naranjo, en los dormitorios, en el zaguan, y de cuando en cuando se sale a fumar al patio o a la calle, o se da una vuelta a la manzana para ventilar opiniones políticas y deportivas. No nos lleva demasiado tiempo sondear los sentimientos de los deudos más inmediatos, los vasitos de caña, el mate dulce y los Particulares livianos son el puente confidencial; antes de media noche estamos seguros, podemos actuar sin remordimientos. Por lo común mi hermana la menor se encarga de la primera escaramuza; diestramente ubicada a los pies del ataúd, se tapa los ojos con un pañuelo violeta y empieza a llorar, primero en silencio, empapando el pañuelo a un punto increíble, después con hipos y jadeos, y finalmente le acomete un ataque terrible de llanto que obliga a las vecinas a llevarla a la cama preparada para esas emergencias, darle a oler agua de azahar y consolarla, mientras otras vecinas se ocupan de los parientes cercanos bruscamente contagiados por la crisis. Durante un rato hay un amontonamiento de gente en la puerta de la capilla ardiente, preguntas y noticias en voz baja, encogimientos de hombros por parte de los vecinos. Agotados por un esfuerzo en que han debido emplearse a fondo, los deudos amenguan en sus manifestaciones, y en ese mismo momento mis tres primas segundas se largan a llorar sin afectación, sin gritos, pero tan conmovedoramente que los parientes y vecinos sienten la emulación, comprenden que no es posible quedarse así descansando mientras extraños de la otra cuadra se afligen de tal manera, y otra vez se suman a la deploración general, otra vez hay que hacer sitio en las camas, apantallar a señoras ancianas, aflojar el cinturón a viejitos convulsionados. Mis hermanos y yo esperamos por lo regular este momento para entrar en la sala mortuoria y ubicarnos junto al ataúd. Por extraño que parezca estamos realmente afligidos, jamás podemos oír llorar a nuestras hermanas sin que una congoja infinita nos llene el pecho y nos recuerde cosas de la infancia, unos campos cerca de Villa Albertina, un tranvía que chirriaba al tomar la curva en la calle General Rodríguez, en Bánfield, cosas asi, siempre tan tristes. Nos basta ver las manos cruzadas del difunto para que el llanto nos arrase de golpe, nos obligue a taparnos la cara avergonzados, y somos cinco hombres que lloran de verdad en el velorio, mientras los deudos juntan desesperadamente el aliento para igualarnos, sintiendo que cueste lo que cueste deben demostrar que el velorio es el de ellos, que solamente ellos tienen derecho a llorar así en esa casa. Pero son pocos, y mienten (eso lo sabemos por mi prima segunda la mayor, y nos da fuerzas). En vano acumulan los hipos y los desmayos, inutilmente los vecinos más solidarios los apoyan con sus consuelos y sus reflexiones, llevándolos y trayéndolos para que descansen y se reincorporen a la lucha. Mis padres y mi tío el mayor nos reemplazan ahora, hay algo que impone respeto en el dolor de estos ancianos que han venido desde la calle Humboldt, cinco cuadras contando desde la esquina, para velar al finado.
Los vecinos más coherentes empiezan a perder pie, dejan caer a los deudos, se van a la cocina a beber grapa y a comentar; algunos parientes, extenuados por una hora y media de llanto sostenido, duermen estertorosamente. Nosotros nos relevamos en orden, aunque sin dar la impresión de nada preparado; antes de las seis de la mañana somos los dueños indiscutidos del velorio, la mayoria de los vecinos se han ido a dormir a sus casas, los parientes yacen en diferentes posturas y grados de agotagamiento, el alba nace en el patio. A esa hora mis tías organizan enérgicos refrigerios en la cocina, bebemos café hirviendo, nos miramos brillantemente al cruzarnos en el zaguán o los dormitorios; tenemos algo de hormigas yendo y viniendo, frotándose las antenas al pasar. Cuando llega el coche fúnebre las disposiciones estan tomadas, mis hermanas llevan a los parientes a despedirse del finado antes del cierre del ataúd, los sostienen y confortan mientras mis primas y mis hermanos se van adelantando hasta desalojarlos, abreviar el ultimo adiós y quedarse solos junto al muerto. Rendidos, extraviados, comprendiendo vagamente pero incapaces de reaccionar, los deudos se dejan llevar y traer, beben cualquier cosa que se les acerca a los labios, y responden con vagas protestas inconsistentes a las cariñosas solicitudes de mis primas y mis hermanas.
Cuando es hora de partir y la casa está llena de parientes y amigos, una organización invisible pero sin brechas decide cada movimiento, el director de la funeraria acata las órdenes de mi padre, la remoción del ataúd se hace de acuerdo con las indicaciones de mi tío el mayor. Alguna que otra vez los parientes llegados a último momento adelantan una reivindicación destemplada; los vecinos, convencidos ya de que todo es como debe ser, los miran escandalizados y los obligan a callarse. En el coche de duelo se instalan mis padres y mis tíos, mis hermanos suben al segundo, y mis primas condescienden a aceptar a alguno de los deudos en el tercero, donde se ubican envueltas en grandes pañoletas negras y moradas. El resto sube donde puede, y hay parientes que se ven precisados a llamar un taxi. Y si algunos, refrescados por el aire matinal y el largo trayecto, traman una reconquista en la necrópolis, amargo es su desengaño. Apenas llega el cajón al peristilo, mis hermanos rodean al orador designado por la familia o los amigos del difunto, y fácilmente reconocible por su cara de circunstancias y el rollito que le abulta el bolsillo del saco.
Estrechándole las manos, le empapan las solapas con sus lágrimas, lo palmean con un blando sonido de tapioca, y el orador no puede impedir que mi tío el menor suba a la tribuna y abra los discursos con una oración que es siempre un modelo de verdad y discreción. Dura tres minutos, se refiere exclusivamente al difunto, acota sus virtudes y da cuenta de sus defectos, sin quitar humanidad a nada de lo que dice; está profundamente emocionado, y a veces le cuesta terminar. Apenas ha bajado, mi hermano el mayor ocupa la tribuna y se encarga del panegírico en nombre del vecindario, mientras el vecino designado a tal efecto trata de abrirse paso entre mis primas y hermanas que lloran colgadas de su chaleco. Un gesto afable pero imperioso de mi padre moviliza al personal de la funeraria; dulcemente empieza a rodar el catafalco, y los oradores oficiales se quedan al pie de la tribuna, mirándose y estrujando los discursos en sus manos húmedas. Por lo regular no nos molestamos en acompañar al difunto hasta la bóveda o sepultura, sino que damos media vuelta y salimos todos juntos, comentando las incidencias del velorio. Desde lejos vemos cómo los parientes corren desesperadamente para agarrar alguno de los cordones del ataúd y se pelean con los vecinos que entre tanto se han posesionado de los cordones y prefieren llevarlos ellos a que los lleven los parientes.
martes, 27 de noviembre de 2007
Presencia de la muerte en la vida
será la última y que aportará su mirada profesional
sobre algunos temas de este blog.Espero no me cobre
la consulta.
Presencia de la muerte en la vida.
Por: Alberto di Lorenzo-Psicólogo
En el principio fué el verbo.....y la muerte.
El hombre desarrolló el lenguaje,y con él aparecen los
significados de las cosas.Lo simbólico viene a introducir
un orden en lo indiferenciado de la naturaleza y del mundo
en general.El lenguaje introduce el significado de las cosas
del mundo y del propio ser.
En el principio fué el verbo y la muerte,porque con la palabra
se conoce el significado de todas las cosas y entre ellas,el hombre
conoce que se va a morir.
¿Cómo vivir sabiendo que se es "nacido para la muerte"?
¿Cómo puede ser que cada ser humano viva olvidando a cada paso
que su fin inevitable es la muerte?
Debió crear para sí mismo algún mecanismo de defensa que le
permita olvidar a cada paso que habrá de morir.
Entre las preguntas que se hace Calderón de la Barca en
"La vida es sueño",se pregunta si la vida será una ilusión.
La vida no es sueño,sino una cadena de ilusiones.Ilusión de
que se va a burlar a la muerte y se va a trascender a ella en
un hijo,una gran obra,un gran acto.el amor es una ilusión para
burlar a la muerte,ilusión de que un otro de la completud,
habrá de protegerme.
Y ya lo dije:la gran ilusión,la fundamental es que un otro,un gran otro,
Dios,padre,madre,amor,amigo,idea,habrá de librarme de la muerte.
Toda ilusión está en función de eludir,evitar,trascender la jodida muerte,
el no estar,el no ser,el no sentir,el no pensar,el no.O la nada.
viernes, 23 de noviembre de 2007
Nunca más

¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
jueves, 22 de noviembre de 2007
Dormir,tal vez soñar

¿qué es más noble al espíritu, sufrir
golpes y dardos de la airada suerte,
o tomar armas contra un mar de angustias
y darles fin luchando?
Morir; dormir; no más; y con un sueño
dar fin a la congoja y sobresaltos
que la carne heredó, consumación
que se ha de desear. Morir, dormir,
dormir, tal vez soñar: ese es el caso:
porque el pensar que sueños trae la muerte
ya desprendidos del mortal estorbo
nos ha de contener. Ese respeto
larga existencia presta a mi fortuna
pues ¿quién sufriera el azotar del mundo
o al opresor, la afrenta del soberbio,
la hiel del huido amor, la tarda ley,
la insolencia del cargo y los desprecios
que al mérito le ofrece el hombre indigno,
cuando por sí se diera su descanso
con un simple estilete? ¿Quién querría
lamentarse y sudar toda una vida,
sin el temor de algo tras la muerte,
esa ignota región de cuyos límites
ninguno vuelve, que turba la mente,
y hace nos soportar los males ciertos
y no volar a otros ignorados?
La conciencia nos vuelve así cobardes
y así el matiz de la resolución
desmaya el suave tinte de la idea
y las empresas de rigor y empeño,
ante el temor, su curso tuercen pronto,
y dejan de tener nombre de acción...
martes, 20 de noviembre de 2007
El mayor misterio:buscando ansiosamente pistas.
Alguien comentó que esta persona sólo había desaparecido fisicamente y que algún día nos reencontraríamos con ella en no sé que sitio.En esa época yo tendría 11 o 12 años y este comentario me llamó mucho la atención,así que le pregunté a mi padre que habían querido decir con eso,a lo cual me respondió que algunas personas creían que la muerte no era el final de todo,sino el principio de otra vida en otro lugar,que la persona fallecida en realidad emprendía una especie de viaje y que en algún momento nos reencontraríamos con ella.los llantos y gestos de dolor,se explicaban por el quizás largo período en que no veríamos a ese ser querido,igual
a lo que sucedía en una terminal de omnibús o un aeropuerto,cuando alguien viajaba lejos y por un tiempo largo.No entendí demasiado,pero me pareció que los gestos de dolor eran demasiado
exagerados si esto era así,cómo si la verdad fuese otra,y que mi padre tampoco creía mucho en
lo que mucha gente suponía cierto.
La muerte de mi padre cuando yo tenía 13 años,me privó entre otras cosas,renaudar este tema
cuando gracias a mi acercamiento a la literatura en general y algunos autores en particular,poseía nuevos elementos cómo para comprender un poco más las cosas y de esta forma,quizás hubiesemos podido sacarnos ambos algunas dudas (más tarde comprendí que por ahora y sobre todo con este tema,las dudas posiblemente sean "para toda la vida").
de lo mucho o poco que he leído sobre el tema ,algún ensayo o referencia sobre el tema desde el punto de vista filosófico o psicológico,pero ,seguramente por falta de capacidad en asimilar estas
formas de encarar el tema,me llegó de forma más intensa la literatura de ficción,y desde mi punto de vista hay sólo dos posiciones posibles par poder acercarse aunque sea un poco a
vislumbrar tan sólo un atisbo de verdad.
Como adelanto a mi próxima entrada,sólo menciono las dos frases que resumen el dilema en el que me encuentro y que espero me ayuden a dilucidar:
"dormir,tal véz soñar" y "nunca más".
Cómo digo en el título,sigo buscando pistas.