Finalizada la "34ª feria internacional del libro de Buenos aires", como sucede todos los años, resuenan los ecos del evento y las polémicas con respecto a la "utilidad" o no de la muestra, o si cumple con la función para la que supuestamente se realiza.
Algunos detractores hacen hincapié en el caracter, para ellos, netamente comercial del evento. El único interés es vender y / o promocionar las ventas de ejemplares de muy dudoso valor literario, dicen. El público que concurre a la feria es en general, gente que pasea o a lo sumo compra algún ejemplar de algún autor de moda y que hasta quizás ni siquiera termine de leer lo que ha adquirido. La gente va , porque hay que ir.
Por otro lado están los que afirman que es el "acto cultural más importante de América latina", el lugar donde nuevos autores y nuevas expresiones tienen la posibilidad de dar a conocer al gran público sus obras; "del autor al lector", avalan, sin hilar demasiado fino al respecto.
Personalmente, y sin conocer demasiado sobre lo que entre bambalinas se cuece en el armado de la feria, sin tener mayor idea de los factores que determinan quien y de que forma puede formar parte de ella como expositor, orador o conferencista , supongo, como suele suceder, que en ambas posiciones hay parte de razón y que "no todo lo que brilla es oro", ni todo es totalmente negativo.
Grandes editoriales y grandes intereses comerciales, ¿grandes autores?. No siempre es así. Grandes nombres, eso sí. Por contraposición, pequeños stands ocupados por editoriales de escaso renombre y quizás por propuestas mucho más dignas e interesantes, pero tampoco siempre es así; sería sencillo encontrar calidad de obras si solo uno se acercara a los lugares "menos comerciales", se puede encontrar basura en ambos lugares, solo cambian las formas,; los contenidos suelen ser muy parecidos.
¿Conclusiones? Muy pocas; La feria puede ser la puerta de entrada a la lectura para aquellos que van porque hay que ir, pero sin la adecuada orientación, todo podría terminar en un mal comienzo dificil de encarrilar. Para los más experimentados, la cosa parecería ser un poco más fácil, una oportunidad única para adentrarse en lo último publicado y tratar de mantenerse atento y no caer en nuevas y a veces nefastas modas.
Queda por dilucidar si realmente existe algún camino alternativo para que la obra de ,seguramente, muchos valiosos autores, no sea eclipsado por el monstruo que seguramente renacerá el próximo año. Habría que consultar a un especialista. Conozco a uno, pero está muy ocupado. De todas formas trataré de que aporte lo suyo, aunque sea en los comentarios.